
La final del Mundial dejó mucho más que un título para España: también una escena lamentable de mal perder por parte de Argentina. Durante los 120 minutos de juego, la albiceleste mostró un plan que, según este medio, se basó en generar caos y presionar al árbitro, rozando no solo la violencia sino también el ridículo. Un ejemplo fue la insistencia de Messi para que el VAR revisara una acción menor de Cucurella, tras la expulsión de Enzo, en un gesto que evidenció la frustración argentina.
Pero la verdadera polémica estalló justo después del pitazo final de Vincic. Algunos jugadores argentinos dejaron a un lado el espíritu deportivo y se dedicaron a intimidar a los españoles, quienes solo querían celebrar la histórica segunda estrella para su país.
Nahuel Molina fue el primero en encender la mecha al encararse con Rodri, a quien amenazó tras un reproche por un golpe. Rodri, con calma, respondió con un leve empujón y siguió celebrando. Pero la tensión no cedió: Otamendi, en un gesto poco habitual, recriminó a Rodri y Laporte por “llorar con los árbitros” durante la semana previa a la final, en referencia a declaraciones del defensa del Athletic.
Lo peor llegó con Paredes, que sin provocación le hizo una zancadilla a Eric García y, al pedir explicaciones, le propinó un puñetazo. Gavi intervino para defender a su compañero, pero terminó siendo derribado con una llave de judo por Paredes y Almada en un cobarde dos contra uno. Solo Scaloni, el técnico argentino, y su ayudante Walter Samuel intentaron calmar la situación, aunque sin éxito.
Borja Iglesias y el histórico Ratón Ayala también intentaron mediar, pero la violencia siguió: Ayala incluso agredió a Dani Olmo con un guantazo e insultos. La escena fue tan lamentable que ni siquiera los argentinos tuvieron la decencia de mirar a España durante la entrega del trofeo, dándose la espalda bajo la excusa de atender a su afición.
En contraste, la selección española, dirigida por De la Fuente, mantuvo la dignidad y le hizo el pasillo a Argentina como subcampeón justo antes de la ceremonia. Sergio Ramos, encargado de llevar la Copa al escenario, se fundió en un abrazo con Messi, quien no pudo contener las lágrimas.
Para cerrar la jornada, ningún jugador argentino acudió a la zona mixta para atender a la prensa, salvo Scaloni, quien se mostró apesadumbrado por no haber logrado la cuarta estrella para su país y dejó en el aire su continuidad en el banquillo, a pesar de tener contrato hasta 2030.
Este lunes 20 de julio de 2026, la final del Mundial quedará en la memoria no solo por el triunfo español, sino también por la polémica actitud de Argentina, que empañó un partido que pudo ser un ejemplo de respeto y deportividad.
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