
En Jalisco, las autoridades han detectado un nuevo y preocupante método de reclutamiento del crimen organizado que involucra a adolescentes como señuelo. El fin de semana pasado, en un centro comercial sobre la avenida López Mateos en Guadalajara, cinco jóvenes de una escuela del norte de la ciudad, entre ellos un chico de 14 años, vivieron de cerca esta estrategia.
Mientras esperaban para entrar al cine, una adolescente de unos 15 años se les acercó y comenzó a convivir con ellos, asegurando que sus padres estaban en un restaurante cercano. La joven incluso pidió que le compraran un boleto para acompañarlos, lo que despertó la sospecha de la madre de uno de los chicos, quien decidió quedarse en la plaza durante toda la función.
Casi al final de la película, la joven propuso a los adolescentes salir antes para ir con sus supuestos padres, pidiéndoles que no avisaran a ningún adulto. Dos de los cinco aceptaron, pero el hijo de la mujer decidió avisarle desde el baño. Al llegar, la madre logró interceptar a los dos jóvenes justo cuando estaban por subir a un vehículo. Logró bajarlos, pero el conductor aceleró y la golpeó con la puerta, impidiéndole anotar las placas o recibir ayuda.
Este caso no es aislado. El 25 de junio en Puerto Vallarta, tres jóvenes —Flor Joseline Espinosa Contreras (18), José Israel Ramos Mejía (17) y Elvira Monserrat Guzmán Mascorro (14)— desaparecieron tras llegar a una parada de transporte público. Aunque inicialmente se pensó que una mujer los había invitado a subir a un vehículo de plataforma, esa hipótesis fue descartada por falta de registro. Ahora se investiga si el auto era particular y si el conductor actuó con cómplices.
La vicefiscal especial de Personas Desaparecidas, Blanca Jacqueline Trujillo Cuevas, informó que los jóvenes contactaron a sus familias para decir que estaban bien, pero que no podían regresar por el momento. A pesar de ello, las alertas siguen activas en todo el país para localizar a estas personas.
Este tipo de tácticas, que mezclan la manipulación emocional con la promesa de “convivir en familia”, evidencian la sofisticación con la que el crimen organizado busca captar a adolescentes vulnerables. En un contexto donde opciones de transporte público seguras y accesibles, como el cablebús, podrían ofrecer alternativas para desplazarse sin exponerse a estos riesgos, la prevención y la vigilancia comunitaria se vuelven más urgentes que nunca.
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