
Este jueves 2 de julio de 2026, Venezuela vivió un momento que parece sacado de una película: Hernán Gil, un vigilante atrapado desde el terremoto del 24 de junio en La Guaira, fue rescatado con vida después de ocho días bajo 140 toneladas de escombros.
El sismo, que alcanzó magnitudes de 7.2 y 7.5, dejó a Gil atrapado en su puesto de vigilancia en Catia La Mar, un lugar que, contra todo pronóstico, se convirtió en su refugio. La operación de rescate, que comenzó formalmente el pasado lunes, fue una carrera contrarreloj de 72 horas intensivas con la participación de más de 100 especialistas de varios países, incluyendo Chile, Estados Unidos, Portugal, Costa Rica y El Salvador.
Durante el rescate, los equipos mantuvieron comunicación constante con Gil, suministrándole hidratación y medicación para mantenerlo con vida. Su esposa, Gusbimar González, no perdió la fe y permaneció al pie del edificio desplomado desde el primer momento.
Este rescate es un símbolo de esperanza en medio de una tragedia que ha dejado un saldo de 6,461 personas rescatadas, 2,295 fallecidos y 11,267 heridos, según datos de la ONU. En un contexto donde la cooperación internacional ha sido clave, la historia de Hernán Gil recuerda que, incluso en las peores circunstancias, la resiliencia humana puede sorprendernos.
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