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Impresión 3D de alimentos en México: cómo la inteligencia artificial y la robótica pueden transformar la nutrición

Durante décadas, la idea de imprimir comida parecía sacada de la ciencia ficción. Pero hoy, en laboratorios mexicanos, la impresión
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Durante décadas, la idea de imprimir comida parecía sacada de la ciencia ficción. Pero hoy, en laboratorios mexicanos, la impresión 3D de alimentos está dejando de ser solo un sueño futurista. Investigadoras e investigadores están combinando inteligencia artificial, robótica y ciencia de los alimentos para crear productos que respondan a necesidades muy reales: una mejor nutrición para niños y adultos mayores, y soluciones para quienes tienen dificultades para alimentarse.

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    El proceso dista mucho de ser automático. En palabras de Viridiana Tejada y Rubén Maldonado, del Tec de Monterrey, imprimir comida tiene más que ver con la precisión de un tubo de pasta de dientes que con la fantasía de presionar un botón y recibir un platillo completo. Han logrado diseñar alimentos a partir de harinas de insecto, cáscara de naranja, hojas de amaranto y guayaba, buscando concentrar proteína, fibra, hierro y vitamina C en formas atractivas y fáciles de consumir, como figuras de carritos o personajes favoritos de la infancia. La meta: que la nutrición sea no solo accesible, sino también divertida.

    Una parte crítica de este desarrollo es lograr que la mezcla de nutrientes se pueda imprimir y que, al mismo tiempo, conserve su valor nutricional después de ser digerida. Para resolver este reto, Marisela González Ávila y su equipo en el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (Ciatej) han desarrollado un simulador digestivo, capaz de imitar el funcionamiento del estómago y el intestino humanos. Así descubren qué nutrientes realmente absorbe el cuerpo y cuáles se pierden en el proceso.

    Este enfoque también abre oportunidades para quienes tienen problemas de deglución. Zaira Yunuen García Carvajal, del mismo centro, ha creado gelatinas, chocolates y betunes impresos en 3D, diseñados para adultos mayores. Estas preparaciones buscan mantener la textura adecuada y, al mismo tiempo, incorporar componentes funcionales como probióticos o prebióticos. El reto no es menor: equilibrar ingredientes para que sean fáciles de tragar, pero que no pierdan sus propiedades benéficas en el proceso.

    Por otro lado, Raquel Zúñiga, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (Iteso), ha apostado por la inteligencia artificial para rediseñar bebidas basadas en ingredientes tradicionales mexicanos, como el epazote y el amaranto. El algoritmo tuvo que aprender primero de bases de datos extranjeras y después adaptarse a productos locales, un proceso que mostró tanto el potencial como las limitaciones de la IA cuando se enfrenta a tradiciones culinarias particulares.

    El resultado de estas investigaciones no es una comida que aparece mágicamente con solo presionar un botón, como en Los Supersónicos. Es el producto de prueba y error, de ajustar fórmulas y de pensar en la experiencia de quienes van a consumir estos alimentos, desde niños con problemas de malnutrición hasta adultos mayores con dificultades para tragar.

    En resumen, la impresión 3D de alimentos en México es una apuesta científica que busca solucionar problemas concretos de nutrición y salud, usando recursos locales e innovación tecnológica. Aunque aún existen retos importantes por resolver, estos avances abren la puerta a una alimentación más personalizada y accesible, donde ingredientes tradicionales y nuevas tecnologías se combinan para mejorar la calidad de vida de las personas.

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