
El pasado fin de semana, después de una serie de terremotos y réplicas que sacudieron Venezuela, las redes sociales se inundaron con imágenes del cielo teñido de rojo en Caracas, generando preocupación y especulaciones sobre un posible presagio de nuevos movimientos telúricos. Sin embargo, la explicación detrás de este fenómeno es más atmosférica que apocalíptica.
Lo que se observa en esos videos es un fenómeno óptico conocido como dispersión de Rayleigh, o “candilazo”, que ocurre cuando los rayos del sol atraviesan una capa más gruesa de atmósfera, generalmente al amanecer o al atardecer. Las partículas suspendidas en el aire filtran las ondas de luz más cortas —como el azul y el violeta— y permiten que los tonos más largos, como el rojo, naranja y púrpura, sean los que predominan en el cielo.
Este fenómeno es común y no está relacionado con la actividad sísmica, a diferencia de los destellos eléctricos que a veces se asocian con la fricción de las rocas durante un sismo, los cuales duran segundos o minutos y no pintan el cielo entero de rojo.
En un contexto donde la incertidumbre por los movimientos telúricos es alta, entender que el “candilazo” es un efecto meteorológico puede ayudar a calmar los ánimos y evitar interpretaciones erróneas. Así, mientras Venezuela se recupera de los temblores, el cielo rojo es solo un espectáculo natural más, no una señal de alarma.
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